Trauma psicológico: no siempre tiene que ver con un único acontecimiento

Cuando pensamos en un trauma psicológico, solemos imaginar un acontecimiento extraordinario: un accidente grave, una agresión, una catástrofe o una situación en la que la vida de una persona estuvo en peligro. Y, aunque experiencias de este tipo pueden producir consecuencias psicológicas importantes, la realidad del trauma es más compleja.

Idea clave

No toda experiencia dolorosa es un trauma, pero un trauma tampoco tiene que parecerse necesariamente a lo que imaginamos cuando escuchamos esa palabra. En algunos casos existe un acontecimiento claramente identificable; en otros, el impacto puede estar relacionado con experiencias repetidas o prolongadas.

¿Qué entendemos realmente por trauma psicológico?

Conviene diferenciar tres conceptos que muchas veces se utilizan como si fueran lo mismo: acontecimiento potencialmente traumático, respuesta psicológica al trauma y trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Las clasificaciones diagnósticas establecen criterios concretos para hablar de TEPT. En la CIE-11, el diagnóstico se vincula a la exposición a un acontecimiento o una serie de acontecimientos de naturaleza extremadamente amenazante u horrible y requiere, además, una combinación específica de síntomas y una repercusión significativa en el funcionamiento de la persona.

Por tanto, vivir una experiencia potencialmente traumática no implica automáticamente desarrollar TEPT. La investigación longitudinal muestra diferentes trayectorias después de este tipo de acontecimientos: algunas personas presentan síntomas persistentes, otras atraviesan dificultades inicialmente y después se recuperan, y otras mantienen un funcionamiento relativamente estable.

No podemos valorar el impacto psicológico de una experiencia únicamente observando lo que ocurrió. También necesitamos comprender cómo fue vivida y qué ocurrió después.

El trauma no siempre procede de un único acontecimiento

Hay experiencias potencialmente traumáticas claramente delimitadas en el tiempo: determinados accidentes graves, agresiones sexuales, episodios de violencia o situaciones de amenaza extrema.

Pero también puede existir una exposición repetida, acumulativa o prolongada a acontecimientos potencialmente traumáticos. La evidencia disponible señala que la exposición acumulada y la gravedad del trauma se asocian con una mayor probabilidad de desarrollar sintomatología postraumática, aunque esa relación no es automática ni determinista.

Intervienen factores relacionados con la experiencia, la historia previa de la persona, el contexto en el que ocurrió, la posibilidad de escapar de la situación, los acontecimientos posteriores y los recursos disponibles para afrontarla.

¿Por qué dos personas pueden vivir algo parecido y reaccionar de manera diferente?

Porque el impacto psicológico no depende exclusivamente del acontecimiento. La investigación sobre factores de riesgo del TEPT ha identificado variables previas, características de la propia experiencia y factores posteriores que pueden modificar el riesgo.

Esto explica por qué comparar nuestras reacciones con las de otras personas suele aportar poca información. Pensar “a otra persona le ocurrió algo parecido y está bien” no nos dice cómo debería encontrarse alguien. La respuesta psicológica humana no funciona como una ecuación en la que determinado acontecimiento produce necesariamente determinado resultado.

¿Cómo puede manifestarse una respuesta postraumática?

En el TEPT pueden aparecer fenómenos de reexperimentación, evitación y una sensación persistente de amenaza actual. Estos elementos forman parte del núcleo diagnóstico descrito por la CIE-11.

En la práctica, determinadas experiencias también pueden afectar a distintas áreas de la vida: algunas situaciones pueden activar respuestas emocionales muy intensas, puede resultar difícil sentirse seguro incluso cuando objetivamente ya no existe el peligro, o la persona puede intentar evitar conversaciones, lugares, recuerdos o situaciones relacionadas con lo ocurrido.

Importante: presentar alguno de estos síntomas de manera aislada no significa tener TEPT. Un diagnóstico requiere valorar conjuntamente la naturaleza de la exposición, los síntomas, su persistencia y su repercusión en la vida de la persona.

¿Qué es el TEPT complejo?

El trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT complejo) aparece como diagnóstico diferenciado en la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud.

TEPT

Incluye los síntomas nucleares de reexperimentación, evitación y sensación persistente de amenaza actual.

TEPT complejo

Además de los síntomas del TEPT, incorpora dificultades persistentes en regulación emocional, autoconcepto negativo y relaciones interpersonales.

El TEPT complejo se ha relacionado especialmente con experiencias traumáticas múltiples, repetidas o prolongadas, en particular cuando son de naturaleza interpersonal o resulta difícil escapar de ellas. Sin embargo, haber vivido experiencias prolongadas no significa automáticamente tener TEPT complejo.

No todo lo que nos hace daño es trauma

En los últimos años, la palabra trauma ha entrado con fuerza en nuestro lenguaje cotidiano. Eso ha permitido reconocer experiencias que antes se minimizaban, pero también existe el riesgo de ampliar tanto el concepto que termine perdiendo significado.

Una ruptura puede producir un sufrimiento enorme. Una relación complicada puede dejarnos profundamente afectados. Un despido puede desencadenar una crisis. Una infancia difícil puede influir en cómo aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Pero dolor psicológico y trauma no son necesariamente sinónimos. Reconocer esta diferencia no significa restar importancia al sufrimiento. No necesitamos convertir todo lo que nos ha hecho daño en un trauma para reconocer que nos ha hecho daño.

Tampoco hace falta pensar constantemente en lo ocurrido para que siga teniendo impacto

A veces se piensa que una experiencia traumática necesariamente tiene que estar presente de forma continua en nuestros pensamientos. No siempre ocurre así.

Las respuestas postraumáticas pueden implicar precisamente evitación: intentos de apartarse de recuerdos, pensamientos, conversaciones, personas, lugares o situaciones relacionadas con la experiencia. También pueden aparecer respuestas automáticas de amenaza ante determinados estímulos.

Que algo ocurrido hace años siga influyendo en determinadas reacciones actuales no demuestra por sí solo que exista un trauma, pero sí puede ser clínicamente relevante para comprender la relación entre experiencias pasadas y dificultades presentes.

¿Se puede tratar el trauma psicológico?

Sí. Disponemos de tratamientos psicológicos con respaldo empírico para el TEPT. Las recomendaciones clínicas de NICE incluyen diferentes formas de terapia cognitivo-conductual focalizada en trauma y EMDR entre las intervenciones recomendadas para adultos con TEPT o sintomatología postraumática clínicamente relevante, según las circunstancias y el tiempo transcurrido desde el acontecimiento.

La intervención no consiste simplemente en “hablar del trauma” ni necesariamente en contar una y otra vez todo lo sucedido. Dependiendo del caso, puede implicar comprender las respuestas que se han desarrollado, trabajar determinados recuerdos y significados, reducir la evitación, modificar patrones que mantienen el problema y recuperar progresivamente áreas de la vida condicionadas por la experiencia.

El tratamiento debe adaptarse a la persona y no simplemente a una etiqueta diagnóstica.

Comprender nuestra historia sin convertirla en un diagnóstico

No toda experiencia dolorosa es un trauma. No toda persona que ha vivido una experiencia potencialmente traumática desarrolla TEPT. Y no toda exposición prolongada implica TEPT complejo.

Comprender nuestra historia no consiste en encontrar una etiqueta para todo lo que nos ha dolido, sino en entender qué ocurrió, qué impacto tuvo y qué sigue necesitando atención en el presente.


Referencias científicas

World Health Organization. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders. Organización Mundial de la Salud.

Galatzer-Levy, I. R., Huang, S. H., & Bonanno, G. A. (2018). Trajectories of resilience and dysfunction following potential trauma: A review and statistical evaluation. Clinical Psychology Review, 63, 41–55. PubMed.

Tortella-Feliu, M., et al. (2019). Risk factors for posttraumatic stress disorder: An umbrella review of systematic reviews and meta-analyses. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 107, 154–165. PubMed.

Sarr, R., Quinton, A., Spain, D., & Rumball, F. (2024). A systematic review of the assessment of ICD-11 Complex Post-Traumatic Stress Disorder (CPTSD) in young people and adults. Clinical Psychology & Psychotherapy, 31(3), e3012. PubMed.

National Institute for Health and Care Excellence. (2018, actualización vigente). Post-traumatic stress disorder (NG116): Recommendations. NICE.


Si quieres conocer cómo trabajo las dificultades relacionadas con trauma, ansiedad, autoestima y otras áreas, puedes consultar la información sobre terapia psicológica presencial en Retiro y online.

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